14 enero 2010

E-books, e-readers e-leches

Posted in Uncategorized a 22:01 por objetivolima


Tenía pensado hacer de una vez por todas un post sobre el viaje a  Turquía pero se me acaba de estropear el disco duro externo en una de las demostraciones de que la ley de Murphy es cierta más grandes que he visto nunca, sucedió así: pasé todo al disco duro externo antes de instalar Windows 7, lo instalé con la opción windows.old (una carpeta en la que queda todo), terminé de instalarlo, comprobé que todo estaba en el disco duro otra vez y borré la dicha carpeta windows.old. Pues bien, ayer conecto el disco duro para pasar unos discos y… no funciona, nada, cero, rien, nothing. No voy a dejar que esto me afecte. Joder.

Qué tranquilo se queda uno después de maldecir. Volvamos a la intención inicial:

Dizque el lector de libros electrónicos (Kindle y Sony a la cabeza y a la espera de lo que haga Apple el día 27 de enero) va a ser el cacharro de moda en 20… ¡Discrepo! Conste antes que nada que si has entrado en este blog por casualidad y no me conoces, es necesario que sepas que estas opiniones están escasamente fundadas y en ningún caso contrastadas, son simples opiniones que me se vienen a la cabeza. Prosigamos: no creo que el lector de libros electrónico (e-reader en lo sucesivo) llegue muy lejos por una simple razón: sólo sirve para leer libros y en esta época en que vivimos tener un cacharro que sólo sirve para leer sería como tener un móvil que sólo sirviera para hacer llamadas: algo totalmente impensable. So… ¿hacia dónde vamos? Pues lo que se puede leer por todos sitios desde hace años es que el objetivo final es tener un aparato que haga de todo: libros, internet, teléfono, redes sociales, etc. El libro electrónico se incorporará a este mágico aparato toda vez que se solucione el problema de la pantalla (los e-readers no cansan la vista por lo de la tinta electrónica, pero los ordenadores sí: en cuanto los ordenadores consigan este tipo de pantallas en color, adiós al e-reader). Otra novedad que ya existe en prototipos son las pantallas flexibles, sobre las que paso de hablar (sería ya mucho hablar sin tener ni idea) pero que serían a mi modo de ver un punto más o menos final de todo esto por razones que no vienen al caso. Búsquen ustedes en google, señores, que es gratis. Dicho lo cual añado que (de todos modos este post va a quedar larguísimo y nadie lo va a leer hasta el final así que from lost to the river) el e-reader es perfecto para las (proporcionalmente escasas) personas que leen muhos libros al año precisamente por la misma razón que puede condenarlos: sólo sirven para leer libros. Si eres de esos freaks que leen 35 o más libros al año, éste es tu cacharro: puedes llevar todos tus libros dentro y leerlos donde te venga en gana, ni más ni menos, lo cual es de agradecer. Si además vives en el extranjero o viajas mucho y si (éste es el 0,000001% de la población) te dedicas a la investigación, el e-reader es una bendición del cielo. Como ejemplo pongo el ensayo que escribí sobre J. Marías hablando sobre las repeticiones: el tipo repite y repite y repite ciertos fragmentos a lo largo de toda la novela (Mañana en la batalla piensa en mí, y yo los analizaba). Método tradicional: recorre la novela veinte veces (al menos una vez por motivo) mientras estás escribiendo el artículo. Gracias al libro electrónico pude: teclear la frase que estaba buscando y el ordenador automáticamete (gracias, Adobe) me ofrece una lista con todas las veces que aparere esa frase, simplemente pichando en cada una, el ordenador solito me lleva a la página que necesito y puedo leer la frase en su contexto. Las aplicaciones son infinitas, por no hablar de que, volviendo al mismo ensayo, utilicé unos 15 libros de bibliografía: libros que no quiero comprar ni tener, los necesito sólo en ese momento para esa cosa concretísima, con un e-reader no me hubiera pasado tres semanas cargando libros de casa a la biblio y de la biblio a casa…

Si el e-reader tal y como es ahora no tiene mucho futuro, el e-book o libro electrónico (me gusta más la palabra inglesa, ibuk) ha llegado para quedarse. Los bosques lo agradecerán, no hay duda, pero esa no es siquiera la razón principal. Los libros actuales duran poco, apenas 70 años y si se usan mucho menos, los e-books son virtualmente eternos. Las posibilidades de consulta y manejo son infinitamente más sencillas en los e-books, creo que su implantación será más rápida en los entornos académicos (¿por qué hacer cargar a nuestros alumnos con siete tochacos al día sin pueden llevarlo todo en 300 gramos? ¿Qué investigador no agradecería tener todo el MLA, el JSTOR y la biblioteca entera de su universidad en el bolsillo?) Las posibilidades son infinitas para enumerarlas aquí, la palabra clave es hipervínculo. Estas leyendo tu libro y de repente aparece una palabra que no conoces: la tocas con el dedo y aparece el significado (esto se puede hacer ya, sólo falta que la tecnología se generalice). Imaginad las posibilidades en la escuela: con sólo ir pinchando en las imágenes del libro éstas se hacen interactivas y muestran un pequeño vídeo… el profesor puede acceder a todo lo que están haciendo los estudiantes en sus tabletas electrónicas. Esto está a la vuelta de la esquina, mi padre ya tiene una pizarra electrónica en clase, no es ciencia ficción, ni siquiera algo a largo plazo, es ya. Ocho o diez años, por decir algo.

Buf, menuda película que estoy contando, pero ya digo todo lo que tengo que decir de un tirón y así no doy la coña otro día. He leído por ahí cosas como ¨qué va a ser del olor y el tacto de los antiguos libros¨. Pues se perderán, carajo, ¿Qué pasa? Vale que sea entrañable olisquear un libro recién comprado pero de ahí a que eso vaya a ser un lastre para que llegue la nueva tecnología… (Chiste que se me ocurre ahora mismo: entra un tipo en una librería y le dice al librero, deme un libro. ¿Qué tipo de literatura le gusta? -Me da igual, sólo quiero olerlo) En el siglo XXI no se olerán los libros, qué le vamos a hacer. Lo lógico es que al libro le pase como le pasó al pergamino en el siglo III, IV y siguientes: irá quedando como un objeto de prestigio. Es curioso ver cómo en la iconografía de aquella época las personas aparecen leyendo libros (códices) y Dios siempre es representado con un antiguo (caro ya y escaso) rollo de papiro/pergamino.  Algo así pasará con el libro hasta que desaparezca.

La última cosa que quería comentar es esa noticia que salió hace poco y que decía que las editoriales españolas se muestran reticentes a digitalizar sus fondos (más bien a ofrecerlos al público, digitalizados ya los tienen), sólo quiero decirles una cosa: Ja, ja, ja. Como si tuvieran opción. Y eso que estos van más atrasados que los músicos: todavía tenemos que escuchar eso de ¨la literatura se acaba¨. :-)

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3 comentarios »

  1. 5º A said,

    No se cómo será eso de los E-books, pues los que somos de una juventud avanzada, nos sobrepasa tanta tecnología, pero pensamos que la vida es en gran medida sensaciones y eso que no podamos tocar y oler los libros, no será muy moderno, pero como que nos están quitando algo con lo que hemos crecido y vivido durante tantos años…pero bueno estúpido romanticismo. ¡ay los libros! y tocarlos, ordenarlos, amontonarlos, prestarlos, mirarlos,…

    • objetivolima said,

      Está claro que todas las generaciones que se han criado con libros tradicionales van a echarlos de menos. Lo que yo digo es que eso no va a ser impedimento para que llegue la nueva tecnología. El rollo convivió con el códice durante ¡varios siglos! (y eso que eran dos formatos fisicos). Tocarlos y amontonarlos será más difícil, pero prestarlos y ordenarlos va a ser más fácil que nunca con los e-books. Me parece que las ventajas superan con mucho a los inconvenientes y en cuando a lo de la costumbre… es simplemente cuestión de que haya generaciones que crezcan acostumbrándose a lo nuevo. También era entrañable calentar la leche en un cazo pero… ¿a que no te atreves a prescindir del microondas?

  2. […] El segundo y último de hoy se llama En Silicio y se propone ¨explorar la realidad usando datos y gráficas¨ lo que significa, en algunos casos, hacer los mismo que Malaprensa: sacarle los colores a la ignorancia/dejadez/manipulación periodística. El post actual, dedicado al iPad, tiene un parecido razonable con el que yo escribí sobre el libro electrónico. […]


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