16 febrero 2010

Todo lo que tengo que decir…

Posted in Uncategorized a 4:21 por objetivolima


…y ya sabéis como sigue la canción. A veces veo alguna noticia que me apetecería comentar: Zapatero desayunando con los ultracatólicos y neocons (y viejocons) americanos, Zapatero diciendo que España va a tener un papel protagonista en el rescate financiero de Grecia (risas aquí), Zapatero cayéndose de un guindo… u otras mucho más intersantes como ¨Un programa de gastronomía anima a comer carne de gato¨, pero no me apetece. La nieve, el disco duro y otras cosas de las que no me quiero acordar me tienen de mal humor desde hace tiempo y no me permiten adaptarme al nuevo semestre con la fuerza del primero: tanto parón intermitente, tanta clase cancelada, tanta desesperación informática, tanto Skype y tanto Messenger que son como las pastillas cuando tienes gripe: alivian pero no acortan la enfermedad, me tienen un poco desorientado. 

Afortunadamente este fin de semana ha sido un paréntesis que ya me iba haciendo falta: el viernes, inesperadamente (y después de tener que cancelar mi visita a casa de los Silvinos por culpa de un tren que nunca llegó), se organizó una fiesta que tuvo como promotora a la siempre dispuesta a fiestear Szabina, una amiga húngara (au pair en una casa de Bryn Mawr) que conocí gracias a Couchsurfing y sobre la que no recuerdo si he hablado antes en este blog pero no lo voy a hacer ahora. Matthew y otro buen puñado más de au pairs se unieron al sarao que empezó y terminó en una discoteca de Philadelphia llamada Mad River.  

El sábado, los Silvinos y un par de amigas me pasaron a recoger sobre las diez de la noche: Traffic Lights Party en casa de Sofía y sus compañeros de piso (seis figuras en total, panameños y puertorriqueñas). Para las doce, como siempre, la casa estaba a reventar de gente: mayoría de verdes aunque con todo y con eso la fiesta terminó, una vez terminado el ron, de vuelta a casa de los Silvinos, donde quedamos los tres y un vino chileno mientras destrozábamos, con el pequeño pero potente equipo de grabación de John, un proyecto en el que andan trabajando y del que prefiero no desvelar nada aún. En algún momento de la madrugada me quedé dormido en el sillón de su salón y allí amanecí a la mañana siguiente.

Recogí mis cosas, me compré un café y esperé el tren. Antes de que me diera tiempo a decir siquiera ¨esta resaca es mía¨, Pep se pasó a recogerme (como veis, aquí, o te recoge alguien o vives aislado) y nos fuimos a casa de Carlos y Andrés con la idea de preparar unas paellas. Lo cierto es que todo parecido con una paella fue pura casualidad, aunque el arroz estaba bueno igualmente y hay que añadir que para los cocineros, Pep y Andrés, era su primera vez. Después de la comida llegó el póker, que al final nos tuvo liados hasta las nueve de la noche. Andrés y Carlos se encargaron de sacarnos los cuartos y con cinco dólares menos, Gastañaga me trajo de vuelta a casa.

Hoy, ya lunes por la noche, ha vuelto la rutina y vuelvo a sentirme como el coche que necesita que le metas cuarta pero sigue en tercera mientras tú andas despistado mirando por la ventana. De tanto depender de unos y otros para tener algo de vida en esta locura de nieve me salen estas metáforas, qué remedio.

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