24 octubre 2011

La verdad

Posted in Uncategorized a 9:26 por objetivolima


Acabamos de entrar en un período que sociólogos, filósofos e historiadores no deberían desaprovechar. Es el momento de empezar a escribir el relato histórico de lo que fue ETA y unos y otros se afanan en que este “relato” (se infiere que debe ser uno y nada más que uno) refleje “la verdad”. “Gesto por la Paz reclama dejar clara la verdad”, leía ayer en El País. Cualquier lector despistado puede leer este titular (u otros similares que se suceden estos días) y pensar que la verdad es un ente que está ahí esperando a que alguien lo descubra. Conviene no perder de vista que la verdad es un relato, que los relatos sobre un hecho son múltiples, que en los libros de historia sólo cabe uno y que generalmente ha sido el de “los vencedores” el que se manda a la imprenta. Cualquier hecho histórico debe abordarse desde múltiples perspectivas, espero que valga este ejemplo: no es una cebolla a la que hay que ir quitando capas para llegar a un hipotético centro sino una cebolla a la que hay que mirar desde cuantos más ángulos mejor, para observar todos sus detalles y a ser posible sin meter la mano, simplemente colocándose aquí, allá, debajo, encima, entre las capas. Por eso creo que no son las víctimas quienes deben hablar de “la verdad”, porque siempre será una verdad parcial, condicionada y escasamente objetiva. Las víctimas merecen todo nuestro respeto y toda la solidaridad y ayuda que el estado y la ciudadanía pueda brindarles y que ojalá sean capaces de mitigar aunque sea mínimamente el dolor que sienten. Tampoco, desde luego, los verdugos, ni los políticos ni, como decía ayer en FB “el 25% de la sociedad vasca que vota a Bildu ni el simpatizante del PP que vivió en Rentería durante los años en que todo el mundo sabía quién apretaba el gatillo y todos callaban”. Es por eso que, en este momento, en esta época histórica, si algo hemos aprendido, deben ser los filósofos, los historiadores, los sociólogos, los que se encarguen de ir perfilando un posible relato y, a partir de aquí, el ciudadano responsable el que se esfuerce en construir su propio relato personal. Y esto, desde luego, no puede ni debe hacerse en caliente.

No dejemos que el dolor nos lleve al dogmatismo.

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