15 enero 2012

Sobre la imposibilidad del amor

Posted in Uncategorized a 22:41 por objetivolima


De la inviabilidad del amor a largo plazo.

Dedicado a Lydia Berrocoso, con amor, en el día de su vigésimo séptimo cumpleaños, bonita edad. Y a Carlos Yushimito, primero que escuchó esta teoría y a Andrés González, discutidor impenitente al que extraño siempre, y a los hermanos Silvino Díaz, que buscan el amor a cada instante.

amor.
(Del lat. amor, -ōris)

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

La primera vez que intenté explicar esta teoría fue hace más o menos un año. Desde entonces, en sucesivas exposiciones (dos o tres más, casi siempre a escritores deprimidos y en condiciones etílicas o muy etílicas) he venido repensando mis presupuestos y perfilando las conclusiones. Llega ahora el momento, vaya usted a saber por qué, de ponerla por escrito. Como todo ensayo, quisiera aprovechar deleitando, pero con que les deleite medianamente daríame yo por muy contento y bien servido, pues poco tiene de aprovechable una pseudoteoría nacida de torpes desamores y borrachos debatientes. Al turrón.

“Quizás convenga aclarar para empezar que al hablar de la imposibilidad de amor me refiero aquí al amor que sentimos, en un momento dado, por una determinada persona. A la imposibilidad de mantener ese sentimiento amoroso a largo plazo. La capacidad de sentir amor la creo algo inmutable pero en cualquier caso no es el tema que me ocupa.

Ante el hecho constatado de que el amor entre dos personas se termina, cabe preguntarse, como buen ser humano, ¿por qué? (los que piensen que el amor no se destruye sino que se transforma por favor clic aquí) Dos son los motivos fundamentales que creo haber encontrado para explicar esto. Como comprobarán a continuación, los he nombrado como me ha dado la real gana.

1) Ocultar las cartas  e ir de farol: Al empezar (querer empezar) una relación todos, evidentemente en mayor o menor medida dependiendo de cada uno, ocultamos nuestras cartas, en otras palabras: intentamos disimular o maquillar o dejar de hacer todas aquellas cosas que creemos que no van a ser del agrado de la otra persona, a saber: un fumador de canutos fumará menos porros si piensa que a la otra persona no le agradan especialmente los fumadores de cañones, hará más deporte si cree que a la otra persona le gustan las deportistas o quizás, si solía ser buen estudiante,  se convierta en el malote de la clase y descuide sus hasta ahora pulcros deberes si a la chica le gustan los Quimi (para los menores de 20 o 22 años y/o los que no sean españoles: Quimi). Lógicamente, no se trata únicamente de que ocultemos nuestros defectos, sino también nuestras virtudes si creemos que éstas nos pueden hacer quedar como unos pardillos de primera. A esta cuestión se añade la segunda, ir de farol, que no es más que una variatio de la primera: actuar de una forma que no nos es propia porque pensamos que esto agradará al otro. Fingir algo que en realidad no somos. Insisto, para una mejor comprensión, en que el grado varia, no hay que irse necesariamente al extremo. Hay que entender también que esto puede hacerse tanto de forma consciente como inconsciente.

Es posible, pero poco probable, que esta modificación temporal de la conducta se convierta en definitiva. A la larga (y el tiempo nuevamente varía según los casos), la tendencia natural, una vez cogida la confianza y la rutina necesarias, es volver a nuestra forma de ser habitual: el fumador de leños volverá (o querrá volver) a fumar los mismos trocolos que antaño, al neodeportista le entrará la pereza y el aprendiz de malote se vendrá abajo en cuanto su media caiga del sobresaliente.

Aunque, caso raro, ninguno de los dos integrantes de la pareja modificara en absoluto su conducta en el proceso de enamoramiento o, también extraño, los cambios efectuados  durante este proceso se convirtieran en definitivos, todos nos enfrentamos a otro proceso incontrolable que antes o después acabará destruyendo lo construido. Entramos en el punto número 2 de mi teoría:

2) Flop, turn y river: o, dicho de otro modo, la imposibilidad de controlar el desarrollo de los acontecimientos y, muy especialmente, nuestro propio desarrollo personal. Puede que dos personas en un momento X encajen a la perfección (una situación en todo caso rara porque como intentaba defender en el punto 1, el proceso de enamoramiento no lo realizan dos piezas de puzzle que encajan sino dos piezas con ciertas similitudes que liman, consciente o inconscientemente, sus entrantes y salientes para encajar) pero aunque esta conexión sea perfecta en ese momento X, nuestras propia naturaleza nos demuestra que no seremos esa misma pieza (esa misma persona) en un momento X+N, esto es: no somos la misma persona a los tres años, o cinco, o diez de empezar una relación. La pareja que se formó con veinte años puede continuar junta con treinta, pero las personas que la forman no serán las mismas: sus intereses, situaciones personales y deseos habrán cambiado y, por mucho que queramos, es imposible que la evolución sea perfectamente paralela.

Como dice la segunda acepción del DRAE, el amor “nos completa”. Es difícil (y ya sé que, ¡ay!, l’amour es tan extraño) que la misma persona que nos completaba  en un inicio nos complete de la misma forma cuando ninguno de los dos son el mismo que eran.

Puede que en ese tiempo se hayan creado otra serie de condicionantes que lleven a la pareja a considerar que es mejor permanecer junta que separada (he aquí la construcción de la sociedad misma tal y como la conocemos) pero, en mi opinión, es incorrecto hablar de amor aunque el sistema, en general y tal vez por su propia superviviencia, tiende a solapar estas carencias y responde a la cruda realidad con explicaciones del tipo: el amor evoluciona, madurez, estamos tan agustito, que lo que la hipoteca ha unido no lo separe el hombre, etc. Es perfectamente posible, por otro lado, que el amor esté sobrevalorado y la situación de una pareja con veinte años a sus espaldas sea mucho mejor que la inicial pero volvemos a lo mismo: no es amor. Puede que sea mejor, no es eso sobre lo que yo quiero polemizar, pero no es amor. El amor es imposible a largo plazo.”

Como dijo el poeta:

No se tomen demasiado en serio
nada de lo que aquí leyeron.

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3 comentarios »

  1. nere said,

    Totalmente de acuerdo (y que no sirva de precedente).
    Enamorarse en un primer momento de una persona que no tiene nada que ver con uno es relativamente fácil. De ahí el dicho: los opuestos se atraen. Pero para que dure tiene que haber muchos puntos en común, si consigues formar una unión que parta de algo más que del sentimiento durante el período del enamoramiento perfecto, si no estás abocado al fracaso.
    Como ejemplo podría poner a mis abuelos, que llevan 60 años casados y que forman para mí un tándem perfecto. Y amor pues no creo que sea el término, son más un equipo sin fisuras.

  2. Sarkis said,

    El amor no evoluciona, eso es cierto, el amor es o no es, no hay más. Lo que evolucionan son las personalidades de los integrantes de la pareja, y ahí si que deben caminar juntos hacia puntos comunes para que la cosa avance.
    Y si avanza mucho, se prolonga y se consolida, el amor muta en amistad sincera y en compañía mutua. Pero amor eterno, naranjas de la china


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