21 febrero 2012

De dónde salió este tipo

Posted in Uncategorized a 7:21 por objetivolima


Me encontré con Manuel del Barrio Donaire por casualidad. Fue en Barcelona, yo visitaba por primera vez la Central del Raval y él estaba por allí, perdido entre cientos de libros, como me imagino que suele andar siempre. Yo había tomado ya mis tres decisiones de rigor: Destrucción de la mañana, En ningún paraíso y Usted, genial libro leído a ratos y trozos por internet a lo largo de varios años. Vamos, que me iba directo a la caja satisfecho con mis inminentes adquisiciones y de pronto veo esa extraña cara, leo la contraportada, quedo contrariado, miro el precio, vuelvo a leer la contraportada, abro el libro, lo hojeo, ojeo un par de poemas, mi estupefacción aumenta, miro el precio, releo por tercera vez la contraportada… y en un momento de lucidez tomo la que hasta ahora ha sido la mejor decisión literaria del curso: echar el segundo libro de Manuel del Barrio Donaire a la cesta.

Luego resulta (lo leí al instante, uno de los mejores viajes en cercanías que recuerdo) que Cumbreño (ya grande como poeta y ahora doblemente grande como editor) acababa de editar una antología con versos de sus dos primeros (y hasta ahora únicos) libros. El mundo es un pañuelo y yo todavía no había terminado de preguntarme de dónde había salido este tipo. El tercer paso fue, se imaginarán, pedir su primer libro: Confesiones de un soltero autopoético, un poemario hipertextual en el que unos poemas remiten a otros y que, si yo fuera un buen crítico, ustedes correrían a comprar ahora mismo.

Cierto que el autor usa Mac (la primera palabra que pronunció el poeta según nos aseguran las solapas) y que hay medicamentos, McDonald’s, Starbucks, blogs y referencias culturetas por todas partes. Nada nuevo, dirán ustedes, ya sabemos de qué va. Déjenme decirles: no tienen ni la más remota idea. Lean sus instrucciones para ser escritor, memoricen su retórica del yonki y descubran, así es Pauline, por qué nuestro autor es un soltero autopoético. El libro tiene algo de película de culto: no merece la pena contar nada, dejen de hacer lo que quiera que estén haciendo y vayan a verla.  De entre todo lo mucho y bueno que nos ofrece este libro (ya hablaremos del segundo) me he quedado con el poema que les copio abajo. No porque el tedio, la teoría de la literatura y (el aburrimiento que me producen) las películas porno sean parte fundamental de mi vida, que también, sino porque creo que recoge, sin desvelar demasiado, la atmósfera general del poemario. Y vale como resumen rápido de un par de vidas que conozco.

Sobre el tedio, la teoría de la literatura y las películas porno

Me aburro.
Eso es el tedio. El aburrimiento de los fines de semana
sin nada que hacer salvo mirar la pantalla y cascársela de vez en cuando.
Me entra sueño. Me quedo dormido cuando empiezo a leer algo de Thomas Pynchon
o David Foster Wallace. Pero no es malo. Hay que leer a Thomas Pynchon
o David Foster Wallace aunque no entendamos un pimiento.
Es como una obligación, como un acto de fe. Si no leo a Thomas Pynchon
o David Foster Wallace antes de acostarme no soy nadie.
No entiendo casi nada de lo que leo, pero qué se le va a hacer. Yo no pido entender,
por eso me esfuerzo en escribir cosas que se entiendan,
siempre habrá alguien que le encuentre algún sentido a lo que estoy escribiendo
aunque yo no me entere de nada.

Hay que aburrirse de vez en cuando y echarse a dormir en el sofá.

El tedio (el hastío) es una forma de autoconocimiento [17]
que influye en el modo en que nos abrochamos el cinturón, asistimos a la facultad
o a las cenas familiares de fin de año.
Baudelaire también lo dijo, pero con otras palabras y en francés,
aburrirse es como estar sin estar nunca del todo
yo soy quien fui si es serlo, pero a conciencia y solo.
Aburrirse es como practicar un deporte,
hay que entrenar todos los días. Uno, dos, uno dos.
Aburrirse bien consiste en dedicarle tiempo a no hacer nada, caminar mucho, dejarse vivir,
asomarse a la ventana siete veces al día mientras pelamos una naranja.

Todo esto lo sé porque me dedico a examinar las funciones del tedio y su relación
con el sistema nervioso central en mis ratos libres.
Los buzones de correo, las gabardinas.
Lo describo todo y lo guardo en un portafolios amarillo.
La amplitud de los bostezos, de arquear la espalda, los efectos
que tiene el tedio sobre la piel (le salen manchas) y sobre la literatura
(también le salen manchas, borrones de tinta, tachones y notas al pie).
Los grandes novelones, los últimos poemas indescifrables. Eso es el tedio,
el hastío de vivir, siempre los mismos programas en la tele [26],
los mismo libros sobre la mesa,
las mismas actrices en las películas porno, demasiado perfectas, demasiadas curvas.
La belleza, eso que no sé muy bien qué es y que no tiene nada que ver con la silicona
ni con las novelas del siglo XIX.

El tedio irresistible de las películas porno.
El monumental hastío de las clases de literatura.
Ver a una rubia de grandes tetas tragando semen es casi peor
que leer el libro Teoría de la Literautura de Antonio García Berrio.
Comer pollas, lamer coños, nañ, nañ, los géneros literarios, la estética de la recepción,
dale que te pego, toma, venga, siempre lo mismo y por los mismo sitios.
Todas las estrellas del porno (actrices, actores) son iguales.
Tetas enormes como balones de playa, penes erectos como émbolos salvajes,
cuerpos suaves y brillantes como electrodomésticos recién comprados.
Es un asco. La monotonía de la perfección me hace llorar y no me excita.
Me quedo con la mujer de la calle, con el hombre que vende los periódicos.
Hay que buscar el contraste, la variedad, michelines inesperados y durezas en los pies.
Cuando alguien me habla de los textos literarios, de hipertextos, mitocrítica,
o de forma interior- forma exterior me dan ganas de quemar todos los libros que tengo en casa
y no hacerme pajas nunca más.

El fin de toda escena porno es el orgamos, la corrida,
la eyaculación[16] blanca y el esperma nutritivo. El absoluto.
Uno lee un libro para sentir placer, un temblor, algo. Uno ve una película porno
para hacerse una paja (que viene a ser lo mismo que sentir placer, un temblor, algo).
Pero cuando veo una película porno tengo orgasmos pequeños y sucios
como escupitajos. Cuando estudio la Teoría de la Literatura
ni leo literatura ni me entero de nada,
aprendo a no estudiar, a leerme los resúmenes de los libros,
memorizo lo que decía Derrida o lo que decía Quintiliano
y lo suelto en el momento justo
así, ahora córrete en su espalda, así muy bien
para sacar buena nota en el examen.

Ir a clase sólo es un trámite, igual que los insultos o los gemidos
de las estrellas del porno. Siento por Briana Banks o Jena Jameson
la misma pasión que por Mijaíl Bajtín o la mujer del telediario
buenas tardes, estas son las noticias, 15 muertos en Irak, y ahora el fútbol.
Memorizar un soneto, a-n-a-l-i-z-a-r los poemas en prosa de Baudelaire,
buscar las referencias bíblicas en la poesía de Leopoldo María Panero.

Nada de leer por leer, hay que subrayar, tomar notas en un cuaderno,
elaborar un índice, acumular bibliografía.
Todo consiste en hacer un buen trabajo, sacar buena nota en el examen y largarse.
Eso, muy bien, ahora métesela en la boca, así,
que os dé la luz, retírale el pelo y dile puta, sé que te gusta,
ahora dale la vuelta y por detrás, arquea la espalda, grita, así, muy bien.

Sobresaliente.

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6 comentarios »

  1. Muy bueno, sí.

  2. objetivolima said,

    El tipo es cojonudo, hazte con sus libros en cuanto tengas ocasión, no te van a decepcionar. No es precisamente minimalista, aquí está todo, pero el señor tiene un tono, una soltura y una distancia/ironía que te dejan roto. Te lo recomiendo.

    • Además, bastante sincero. Me ha hecho gracia la mención a Pynchon y Foster Wallace, del que tengo un ladrillo encima de la mesita de noche y siempre me deja cara de gilipollas cuando lo intento leer.

  3. el autor está conmocionado O_o sólo tengo palabras de agradecimiento
    ¿a quién tengo que besar o invitar a una cerveza?

    • objetivolima said,

      Yo con una quedada (prefiero el Pepe Botella al Starbucks, eso sí) me conformo, y si tú pagas la cerveza yo me encargo del pacharán.

      • jjeje, bueno, pues cuando vaya a Madrid te aviso :) y sí, yo también prefiero el Pepe Botella.


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