29 mayo 2012

Un poema fugitivo

Posted in Uncategorized a 20:23 por objetivolima


Al final ha sido La Isla de Siltolá (Colección Arrecifes) la afortunada; la editorial que tiene y tendrá ya para siempre el privilegio de albergar en su catálogo la primera y muy completa antología de la poesía de Álvaro Valverde: Un centro fugitivo. La edición, sobria, elegante y cuidadísima como siempre, supone una estupenda manera de conocer (o, en su caso, releer) la poesía del placentino, uno de los mejores poetas de su generación que tiene, además, doble mérito: escribir unos poemas cojonudos y ser completamente ajeno al círculo sabiniano y sus facilidades promocionales.

Deberían ustedes hacerse con este libro.

Y ahora cuento lo mío.

Si yo fuera un profesional diría que es deformación profesional pero como no lo soy lo dejaremos en friquismo puro y duro. Lo cierto es que en cuanto mis padres me trajeron el libro a Madrid lo primero que hice fue buscar entre sus doscientas páginas mis dos poemas favoritos. Hay, evidentemente, muchos poemas de Valverde que admiro, pero de entre todos esos hay dos que habré leído unas mil doscientas veces (y subiendo) y que podría aventurarme a recitar de memoria con las copas necesarias.

Allí estaba el primero, Enclave, perteneciente al libro Una oculta razón, de 1991; no estaba, sin embargo, el otro que yo buscaba, que leí en su día con obsesión y que releo siempre desde entonces: la tercera parte del largo poema Entonces la muerte, incluido en el que hasta ahora es su último volumen de poesía: Desde fuera. Estoy seguro de que Jordi Doce, antólogo en esta ocasión pero también gran traductor y poeta en otras, habrá tenido sus motivos (evidentemente mejores que los míos) para incluir los fragmentos 1 y 4 y obviar los 2 y 3; pero como creo que ningún lector debería quedarse sin conocer el poema al completo y la tecnología lo hace posible, me permito incluir aquí los dos poemas que faltan en el libro de Siltolá. Si los últimos nueve versos del poema 3, tras leerlo todo desde el comienzo, no les parecen de lo mejor que han leído, les invito cordialmente a buscar nuevos blogs en los que perder su tiempo, está claro que ustedes y yo tenemos una diferencia irreconciliable de gustos:

2

Junto a esta cama de hospital,
utilitaria y blanca, en la que ahora
descansa el cuerpo enfermo de mi padre,
en este mismo sitio donde ahora
yo mismo estoy sentado,
estuvo un día él velando al suyo.
Me lo recuerda a veces, por la noche,
cuando apagan las luces del pasillo
y se oyen los pasos silenciosos
del personal de guardia
y la tos del vecino y la queja lejana
de alguien que sufre ajeno en un cuarto del fondo.
En voz baja relata otras noches de insomnio
semejantes a ésta, aunque él no fuera entonces
el sujeto pasivo de mis torpes cuidados
sino el representante de esa fuerza
que sacamos sin duda de flaqueza
para poder estar a la altura
de tan penoso trance.
Entre dos luces,
con la respiración forzada del oxígeno,
mientras cambian las dosis del gotero,
pienso un momento en mí
y, sin quererlo, me veo a mí mismo
tendido en esta cama, y a mi lado, sentado, como yo,
en la misma silla, alguno de mis hijos
agarrándome
muy fuerte de la mano.

3

En realidad, no sé
si vamos al encuentro de la muerte
o si venimos ya de su certeza.
No me recuerdo ajeno, de algún modo,
a su alargada sombra sigilosa.
Estaba allí, en lo oscuro, en las estancias,
al fondo del pasillo, en la penumbra
de aquel mismo rincón en el que ahora
estoy acurrucado contra el tiempo.
Estaba en las palabras susurradas
y estaba en los silencios clamorosos
y en los ojos tristísimos y húmedos
de mis padres volviendo de la iglesia
sin más explicaciones que las tópicas.
Estaba allí, sin duda,
y siempre ha estado
haciéndome la misma compañía
y sé perfectamente cómo huele,
y las formas que adopta y reconozco,
como si fueran mías, sus mentiras.
Por eso dudo si vamos a morir
o de una vez por todas dejaremos
de estar ya en vida muertos.

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3 comentarios »

  1. Me lo parecieron (todo el poema y especialmente esa parte 3) cuando lo leí al poco de salir en “Desde fuera”, y no ha dejado de ser así, efectivamente un poema mayor…

  2. María José said,

    Un gran poema, como todos los de Álvaro, que provocan sensaciones y hacen que lleguen muy dentro.
    Estoy deseando leer su antología

  3. Lo había deseado durante tanto tiempo que ahora no se lo podía creer, sus padres al fín le habían comprado ese peluche gigante que tantas veces había visto en el escaparate de la juguetería. Ahora sabía que de verdad estaba allí, que por fin era suyo.


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